18.10.12


La mente, el intelecto y la necesidad de medir las consecuencias de nuestros actos



Muchas veces observamos que a la hora de entender el concepto de la inspiración en la vida espiritual, muchos devotos simplemente se preocupan por “estar inspirados” en el momento presente, sin proyectarse a futuro en relación a este punto.
Esto se asemeja a la actitud que en el mundo material podemos tener, en donde sólo nos interesa experimentar algún tipo de palcer inmediato a través de nuestros sentidos, pero sin considerar las seguras y cercanas consecuencias que llegarán instantes luego a nuestra vida, y por las cuales terminaremos sufriendo. Si tal alma ejercitaría sus capacidades intelectuales, podría anticiparse al resultado de sus acciones y de esta manera ver qué tan favorable será ocuparse en una u otra acción.

Asímismo, este mismo criterio peude y debe ser aplicdo en nuestra vida espiritual, para no vernos simplemente en búsqueda de sensaciones inmediatas, inspiraciones tan súbitas como fugaces, y a los pocos minutos, horas o días estar experimentando un profundo vacío existencial que nos haga perder nuestra fe en la práctica, y desconectarnos de ella para retornar al trsite ciclo de enredos en el plano mundano.

Por ello la función de la inteligencia es crucial en este sentido, y todo devoto debe saber aplicarla a tiempo, de esta manera desarrollando una visión que no sólo dependa de lo que se siente en el instante, sino que podremos ir adquiriendo más y más capacidad de visualizar y extender nuestra inspiración y entusiasmo al resto de nuestra existencia, sabiendo para esto administrar en las dosis apropiadas nuestro tiempo y energía, sin excesos ni extremos innecesarios, sino más bien adquiriendo una apacible capacidad de asimilar cada etapa que llega a nosotros, dedicándole toda la atención que sea necesaria para poder garantizar una correcta asimilación del mensaje.

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