
De la misma manera en que este caballero ha ganado una carrera y siente el sabor de la victoria, la fortuna de haber llegado en primer lugar y recibir el consecuente premio y demás etcéteras que sabemos que no son ni tan increíbles quizás, asimismo podemos utilizar esta analogía para recapacitar y constantemente agradecer el más grande regalo que ha llegado a nosotros, por decirlo de alguna manera...
Este es...nuestra forma humana.
Por qué? Porque a través de ella podremos derivar el máximo beneficio de nuestra existencia, podremos esforzarnos apropiadamente para alcanzar la autorrealización, la perfección interna en esta misma vida.
Excéntrico? Un lujo? En absoluto. El dedicar ESTA VIDA al logro de la máxima virtud, es simplemente darle el uso apropiado a este regalo incomparable.
Cuando nuestros padres se unieron para invitarnos a venir a este mundo, a través de la sustancia seminal emitida por nuestro padre, millones de almas contenidas en cada gota de esperma se lanzaron a una carrera multitudinaria, una maratón de millones de participantes, en la cual sólo habría un ganador, aquel que alcanze el vientre de la madre antes que otro.
Y no sabemos quizás por qué, pero en este caso, en esta vida, nosotros hemos ganado esa carrera millonaria. Casi inédito verdad? Cientos y millones de anhelantes participantes intentando alcanzar el trofeo de la forma humana, y por una fortuna incalculable, hemos sido dotados de la velocidad para subirnos al podio en el primer puesto.
Todo esto desde ya no intenta generar en nosotros sentimiento de orgullo o complejo de superioridad alguno, sino mas bien lo contrario: una profunda humildad y sentido del aradecimiento y apreciación por lo que se nos ha otorgado desde arriba.
Pues si no sabemos lidiar con semejante joya de regalo, con la sumisa actitud apropiada, corremos el riesgo de ser destronados muy prontamente, o en otras palabras, al tener en esta forma humana un libre albedrío pequeñamente más amplio que en otras especies (lo cual se da así, para que podamos indagar acerca de la realidad atimaterial), corremos también el riesgo de abusar o hacer mal uso del mismo, y así escoger por cuenta propia el camino de la involución, o sea, bajarnos del podio y volver a aceptar algún otro traje que (animal, vegetal, etc.) al menos por un buen tiempo no nos permita sumerjirnos en la trascendecia del todo.
En resumen, ser humano no significa tener el traje humano, sino comportarse como tal, esto es, entender el propósito de la forma humana (alcanzar la trascendencia) y enfocar nuestros ideales y tiempos hacia semejante y única meta realmente satisfactoria.
Que siga la maratón...








